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domingo, 15 de febrero de 2026

Mi suegro, el tacaño

 Mi suegro tiene el maravilloso defecto de que es tacaño. No solo lo vivo yo, como nuera sino también mi marido, mis hijos y el resto de mi familia. Con todos los ahorros y recursos que tiene, el año pasado no dio ni un humilde regalo de navidad a ninguno de sus nietos, que son pocos, solo tres. ¡Fantástico! Tuvimos la suerte de no recibir nada. A ver qué pasa este año.


Por lo visto es que le viene de herencia porque sus padres tampoco es que hicieran mucho esfuerzo por agasajar a su familia en ninguna época del año.

Hace dos años se compró un magnífico y confortable automóvil, de última gama y muy moderno. Me encanta cuando su mujer (mi suegra) necesita ir a hacer visitas al médico o a comprar y no hace por llevarla en su espléndido coche. Recurren al transporte urbano.

Según él, las carreteras están en obras y se gasta mucha gasolina. Es que se está convirtiendo cada vez más en un santo, ¡siempre igual de atentos con todos!


Teresa Ribello

domingo, 8 de febrero de 2026

La amo

 La señorita Havisham durante la comida, no hacía más que insistir a Pip que amara a Estella, porque la adoptó para que fuese amada y la crio y educó para lo mismo. Esa era su intención. Después dio un grito tan desesperado que Pip se vio obligado a cogerla por la cintura porque parecía que se iba a caer al levantarse del sillón.


Llegó Jaggers y se fue con Pip a caminar hacia las habitaciones aisladas que había al otro lado del patio enlosado. Le preguntó a Pip cuántas veces había visto a la señorita Havisham y también le comentó que ella nunca había querido que la viese nadie comer o beber desde que llevaba esa vida. Después se fueron a comer y el señor Jaggers ocupó la presidencia.

Se convino que cuando Estella fuese a Londres se avisaría a Pip para que fuese a recibirla al bajar la diligencia. Después Pip se despidió de ella, estrechó su mano y la dejó.

Durante la noche, resonaban en los oídos de Pip las palabras de la señorita Havisham: "¡Ámala, ámala, ámala!" y él repetía a su almohada: "¡La amo, la amo, la amo!"


Teresa Ribello



domingo, 11 de enero de 2026

Tarde tranquila de lectura

Su perro se recostó al lado de la ventana. Allí se encontraba totalmente tranquilo; no le molestaría nadie. Aunque a veces alzaba sus párpados como un vigilante aguarda la propiedad de su amo. La casa volvía a estar tranquila. 

Esa mañana Jaime volvía cansado de la estación después de un largo viaje por tierras extremeñas. Había ido a visitar a algunos familiares que tiene repartidos por aquellas tierras.


Había sido un viaje intenso pero lleno de interés por su parte. Contemplar Extremadura tiene su particular importancia y utilidad, pues en algunas páginas de su libro queda siempre reflejado, de alguna manera, las cosas que más le ayudan a llenar de esplendor todo lo que escribe. Pero también estar tranquilo en su casa.

Se dio una estupenda ducha, como si se hubiera puesto bajo una refrescante cascada, en medio de un inusual paisaje. Después tomó un café caliente acompañado de unas galletas y se dispuso a tener una tarde tranquila, esta vez de lectura.


Teresa Ribello

domingo, 21 de diciembre de 2025

Todo era mentira

 

El impulso le llevó a visitar a su amigo para contarle lo que le ocurría desde hacía algún tiempo. Se vio envuelto en un escándalo del que no podía salir tan fácilmente. Se sentía atrapado entre las garras de aquella situación tan difícil de manejar y aceptar.


Cada vez que llegaba a casa, su sentimiento era como escuchar un trueno de repente en medio de la oscuridad. Su mujer no podía aceptar todo aquello que estaba pasando, y en cuanto aparecía su marido, ella reaccionaba como un globo cuando está a punto de estallar. Y explotaba, exteriorizando todo lo que tenía dentro.



Todo era mentira. Él no estaba involucrado en nada escandaloso ni provocador. La justicia tendría la última palabra.


Cómo un hombre que durante toda su vida había llevado una vida modélica y ejemplar habría podido verse enredado cual insecto en manos de una tela de araña.


Todo lo ocurrido estaba siendo modelado en el borrador de su último relato.


Teresa Ribello


domingo, 14 de diciembre de 2025

La sentencia

 

La separación no le sentó muy bien a Fernando, desde aquel 20 de mayo de 1985 en que Luisa, su mujer le dijo que tenían que vivir en lugares separados, sin convivencia matrimonial.

Se suponía que tenía que ser así, pero no lo fue. Ese acuerdo no se llevó a cabo.

  • Me verás la cara más de una vez -advertía su marido-.

Era la espantosa frase que Luisa tenía que escuchar, sabiendo perfectamente cuál era el comportamiento de su marido.


Siempre que este llegaba a casa era como si de repente, Luisa divisara a través de la puerta a una voraz serpiente dispuesta a clavarle sus venenosos dientes.

Todo llegó a convertirse en un infierno para Luisa. La bomba había estallado hacía algún tiempo, pero el dolor estaba destruyendo poco a poco la salud de ambos, sobre todo la de Luisa.

Cuando la encontraron tumbada en el suelo de la sala de estar, descubrieron que había sido casi asfixiada con el lazo de la cortina.

Fernando había entrado en la oscuridad más profunda, cuando la sentencia del juez apagó todos sus propósitos.


Teresa Ribello

domingo, 7 de diciembre de 2025

Desde la ventana

Desde la amplia ventana del salón se divisaba el dorado parque con su aire enfurecido soplando sobre los árboles y sus ajetreadas hojas. Por el intenso viento, aquel no era un día propicio para salir a dar un paseo. Por eso, preferí quedarme en casa mirando por aquella extrovertida ventana todo lo que acontecía en el exterior.



Me sorprendió escuchar de pronto el sonido amarillo resplandeciente de las campanas, que empezó a dar una luz especial a todo el paisaje. También me sorprendió el tranquilo tranvía que cruzaba la plaza en aquel momento y que no pudo recoger a tiempo a aquel apagado hombre vestido de negro, que seguramente iría sujeto en sus pensamientos.


El cielo era de un azul brillante. Por él cruzaban algunos pájaros solitarios y en bandadas, tan bien formadas que parecían soldados de un gran ejército venido de otro mundo.


Todo transcurría normalmente, y ello parecía aumentar mi sentimiento de complacencia hacia todo lo que me rodeaba.


Teresa Ribello



domingo, 30 de noviembre de 2025

Pip vuelve a ver a Estella

En el extremo del corredor Pip se encontró a Sara Pocket. Ella se sorprendió de verlo y le indicó el camino.

Pip llamó en la puerta de la estancia donde estaba la señorita Havisham.


-Entra, Pip-.

Ella estaba en su sillón junto a la vieja mesa, con un traje antiguo y la barbilla apoyada en un bastón. Cerca de ella había una señora a la que Pip nunca había visto antes. Después descubrió que que era Estella. Estaba muy cambiada. Era más hermosa y más mujer. Más inaccesible.

A Pip le seguía atrayendo Estella igual que antes. Ella acababa de llegar de Francia y muy pronto se dirigiría a Londres. Permanecería allí durante el resto del día; por la noche regresaría al hotel y a Londres la siguiente semana.

Estella y Pip fueron a pasear por el jardín para charlar un rato. Estella recogió la cola de su vestido, que se había ensuciado un poco, puso su mano en el hombro de Pip y dieron dos o tres vueltas más al jardín.


Teresa Ribello.




Mi suegro, el tacaño

  Mi suegro tiene el maravilloso defecto de que es tacaño. No solo lo vivo yo, como nuera sino también mi marido, mis hijos y el resto de mi...